En el barrio Tejelo, sector de Castilla, Guillermo López continúa una tradición familiar que comenzó hace más de cinco décadas, cuando su padre empezó a alimentar y proteger a las primeras iguanas que llegaron a un terreno que después se convertiría en el Parque de las Iguanas.
En medio del paisaje urbano de Medellín existe un pequeño espacio donde las iguanas comparten territorio con gallinas, patos, palomas y zarigüeyas. Se trata del Parque de las Iguanas, ubicado en el barrio Tejelo, en la comuna de Castilla.
Allí vive Guillermo López, conocido entre sus vecinos como “Tochada”, quien durante años ha asumido el cuidado de estos animales y mantiene vivo el legado que comenzó su padre, Arturo López, hace más de medio siglo.
La historia se remonta a una época en la que esa zona de Medellín todavía era un terreno de monte, caminos destapados y pocas viviendas.
Así comenzó la historia del Parque de las Iguanas
La familia López llegó al sector procedente de Montebello y, como muchas otras familias de la época, construyó su vivienda poco a poco.
Fue entonces cuando Arturo López comenzó a notar la presencia de algunas iguanas silvestres.
Primero aparecieron unas pocas. Arturo empezó a alimentarlas con lechuga, zanahoria y otros vegetales, y con el tiempo los animales comenzaron a permanecer en el lugar y a reproducirse.
La población fue aumentando mientras la familia sembraba árboles como mango, guayaba, naranjo y casco de vaca.
Con los años, el lugar terminó convirtiéndose en un espacio reconocido por la comunidad.
Una ponedera para proteger los huevos
Cuando la Alcaldía de Medellín comenzó a estudiar la construcción de un parque en el sector, Arturo López hizo una solicitud particular.
Pidió que se adecuara una especie de terraza con un espacio protegido debajo, donde las iguanas pudieran depositar sus huevos sin quedar expuestas.
La propuesta fue aceptada y el sitio terminó consolidándose como el Parque de las Iguanas, inaugurado el 1 de enero de 1970.
Desde entonces, los reptiles se convirtieron en los habitantes más característicos del lugar.
Guillermo aprendió a cuidarlas desde niño
Guillermo creció acompañando a su padre en las labores de cuidado.
Desde pequeño aprendió a cortar los alimentos, revisar el agua y vigilar especialmente a las hembras cuando llegaba la temporada de poner huevos.
Tras la muerte de Arturo López en 1995, Guillermo decidió continuar con esa tarea.
Desde entonces, su rutina incluye alimentar a las iguanas, intervenir cuando se pelean, evitar que lleguen a zonas donde puedan ser atropelladas y llevar nuevamente a las hembras hasta el espacio destinado para la reproducción.
Los vecinos también ayudan
El cuidado de los animales no depende únicamente de Guillermo.
Vecinos y comerciantes del sector se han vinculado a esta tradición entregando alimentos como lechuga, coliflor, zanahoria y otras verduras.
Incluso algunos propietarios de legumbrerías cercanas llevan productos para alimentar a los animales.
Con el paso del tiempo también han aparecido otros jóvenes interesados en apoyar el cuidado del parque.
La relación de Guillermo con las iguanas es tan cercana que, según cuenta, algunas permiten que las cargue o las aparte cuando están peleando.
Un refugio para diferentes especies
El parque no es únicamente hogar de iguanas.
En el lugar también pueden encontrarse patos, gallinas, palomas y zarigüeyas.
Guillermo procura proteger a todos los animales que llegan al espacio y también se encarga de enterrar a aquellos que mueren.
Sin embargo, ha expresado preocupación por las zarigüeyas.
Según su percepción, cada vez se observan menos ejemplares y considera que algunas personas todavía las atacan por miedo o desconocimiento.
El parque presenta signos de deterioro
Aunque el sitio conserva un importante valor para la comunidad, actualmente presenta problemas de mantenimiento.
Algunas bancas están deterioradas, la fuente dejó de funcionar y parte de los murales muestran daños por humedad.
Guillermo espera que el parque pueda ser intervenido y recuperado para que vuelva a atraer visitantes como en otros años, cuando incluso turistas llegaban hasta Tejelo para observar y fotografiar las iguanas.
“Siete Mujeres”, el macho que manda en el parque
Entre las iguanas del lugar existe una que se ha convertido casi en un personaje.
Guillermo la llama “Siete Mujeres”, aunque se trata de un macho de gran tamaño que, según él, puede alcanzar aproximadamente un metro de longitud.
El nombre surgió por su comportamiento territorial: cuando otro macho intenta disputarle el espacio, suele enfrentarlo.
Su presencia es tan reconocida que incluso quedó representado en uno de los murales del parque.
Después de más de cinco décadas, la historia del Parque de las Iguanas continúa ligada a la familia López y a una comunidad que aprendió a convivir con estos animales en medio de Medellín.

