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Climas extremos ponen bajo presión a los árboles más antiguos de Medellín

La caída de al menos tres árboles de gran tamaño en diferentes sectores del Valle de Aburrá volvió a encender las alertas sobre el estado del arbolado urbano. En apenas dos días se registraron emergencias en Laureles, Bello y Sabaneta, lo que abrió nuevamente el debate sobre la vulnerabilidad de los ejemplares más antiguos frente a las condiciones climáticas extremas.

Uno de los casos más visibles ocurrió en Laureles, donde la caída de un árbol provocó afectaciones en el servicio de energía de varios sectores. Otro ejemplar cayó sobre un vehículo en Bello y un tercer árbol colapsó en Sabaneta.

¿Los árboles más antiguos están en mayor riesgo?

Los expertos advierten que la edad, por sí sola, no significa que un árbol tenga mayores probabilidades de caer.

El ingeniero forestal Diego Suescún Carvajal explicó que parte de los problemas actuales tienen su origen en decisiones tomadas décadas atrás, cuando el conocimiento sobre silvicultura urbana era mucho más limitado.

En algunos casos, árboles de gran tamaño fueron sembrados en espacios que con el crecimiento de la ciudad terminaron siendo poco adecuados para su desarrollo.

Por esta razón, además de la edad, deben considerarse factores como las condiciones del suelo, el espacio disponible para las raíces, las intervenciones urbanísticas y la exposición a fenómenos climáticos.

Cambio climático aumenta el estrés

Las temperaturas más altas, los periodos secos prolongados, las lluvias torrenciales y los fuertes vientos representan un desafío adicional para árboles que llevan décadas —e incluso más de un siglo— adaptados a condiciones ambientales diferentes.

Estos cambios pueden generar un mayor estrés fisiológico en los ejemplares.

Las sequías prolongadas y los episodios de lluvias cada vez más intensas crean condiciones distintas a las que muchos de estos árboles enfrentaron durante buena parte de su existencia.

Los árboles antiguos también tienen ventajas

Sin embargo, los ejemplares más longevos también pueden contar con características que aumentan su resistencia.

Sus sistemas de raíces pueden ser más profundos, permitiéndoles acceder a reservas de agua que algunos árboles jóvenes todavía no alcanzan.

Además, muchos han conseguido sobrevivir durante décadas a diferentes temporadas de lluvias, sequías, vientos y otras condiciones ambientales adversas.

El desafío para las autoridades ambientales será evaluar individualmente las condiciones de estos árboles y determinar cuáles necesitan intervenciones para reducir posibles riesgos sin asumir que un ejemplar debe ser retirado simplemente por su edad.

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